domingo, 26 de febrero de 2017

A veces escribo sin sentido pero con todos los sentidos



A veces necesito escribir para rozarte entre mis letras. Dejando despertar la imaginación en la distancia de unos puntos suspensivos... 

Sentir una caricia en una mirada que se pasea entre las comas, esas que separan un suspiro de un gemido. Mientras un punto y seguido retiene un beso que apenas ha tocado la comisura de los labios. 

Igual que una rima que se desliza al cruzar las consonantes, como en esa conversación con juegos de palabras.

Que se convierte en el calor del siguiente párrafo como esa mano que distraídamente toca tu cuello y dibuja un instante en un susurro. 

Dónde una letra mayúscula combina el olor que está por descubrir y la provocación que nadie más consigue ver, esa que ocurre entre la gente. 

Mientras se crea un paréntesis, en el que las caricias se deslizan por debajo de la mesa como letras invisibles que nadie puede leer.

Y detrás de un punto y aparte, el inicio de una sonrisa, esa que provoca el misterio de si debe continuar contando una historia. Una  historia traducida en manos que desnudan y dejan traducir el deseo en realidad. 

Que se convierten en las letras que nadie más puede leer, tras una despedida apresurada para perdernos en unas páginas en blanco como las sábanas revueltas y el calor de dos cuerpos que saltan a un abismo.

A veces escribo sin sentido pero con todos los sentidos... 


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